CAFÉ

La producción de café es un sector económico muy importante para muchos países del sur

El café es, después del petróleo, la materia prima de exportación más importante del mundo. Para una gran parte de los 25 millones de productores de café, este es un producto que requiere un trabajo muy intenso y una gran atención, sin embargo proporciona muy pocas ganancias.

En Fairtrade tenemos 582 Organizaciones de pequeños productores en lsa que trabajan 762.392 productores en 32 países.

El comercio con café, un negocio inestable

La producción de café es un sector económico muy importante para muchos países del Sur. La mayoría de familias de productores que viven de la producción de café viven en países en vías de desarrollo. Por ejemplo, Brasil, Vietnam, Colombia, Indonesia o México, los países exportadores de café por excelencia.

La historia del café se caracteriza por unas fuertes fluctuaciones en el precio del mercado mundial. Las fluctuaciones de precios y el empobrecimiento de los productores de café inherente a estas fueron el motivo por el cual, en 1962, los países productores de café se unieron y se aprobó el primer acuerdo internacional del café (International Coffee Agreement). El objetivo de este acuerdo era evitar la oferta excesiva y las crisis del café que amenazaban con estallar. El 27 de diciembre de 1963 entró en vigor este acuerdo. Este fue firmado por 44 países exportadores y 18 importadores que se pusieron de acuerdo en los precios mínimos y las cuotas de exportación.

Hasta entrados los años ochenta, los reglamentos funcionaban gracias al acuerdo. Sin embargo, después entraron en el mercado nuevos países exportadores, como Vietnam, que pudieron establecer sus precios según el acuerdo. Mientras tanto, EE.UU. también apuesta por la fuerza benigna y autocurativa del libre comercio. En 1989, el gobierno estadounidense hizo que el acuerdo internacional del café fracasara. El precio del café bajó rápidamente por debajo de los 80 céntimos de dólar por medio kilo.

Solo en 1994, los países firmantes volvieron a ponerse de acuerdo sobre un nuevo acuerdo internacional del café. Sin embargo, se decidió que los precios del café ya no debían ser regulados. Los objetivos del acuerdo, comparados con los del anterior, son promover la cooperación internacional, así como conservar la organización internacional del café como foro de debate e institución de investigación.

En el mismo año fue destruida una gran parte de una plantación de café en Brasil, de modo que el precio del mercado mundial del café subió a 2,80 dólares americanos por medio kilo.

La crisis del café

Sin embargo el café solo mantuvo este precio alto durante poco tiempo. En octubre de 2001 el precio del café era tan bajo como hacía 30 años, esto tuvo consecuencias desastrosas para los agricultores de café.

De la noche a la mañana se vino abajo todo el mercado de café y tan solo recibían por sus cosechas 45 céntimos de dólar por medio kilo. Miles de agricultores de café perdieron su trabajo desde Perú hasta hasta las montañas del Kilimanjaro, de pronto sus cafetos ya no tenían ningún valor. La crisis mostraba claramente la vulnerabilidad de los caficultores y las pocas oportunidades que tienen de mantenerse en el mercado internacional.

El motivo de la crisis fue, sobre todo, la sobreproducción de café. En Vietnam y otros países se cultivan grandes cantidades de café Robusta en las plantaciones. El Fondo Monetario Internacional instó al Gobierno de Vietnam a subvencionar el café nacional. Sin embargo, la calidad de este café era pésima. Debido a las grandes cantidades excedentes de café volvieron a descender los precios del mercado mundial.

En 2002 se produjo un 8% más de café del que se consumió. La consecuencia de la crisis del café fue una devastación económica para muchos países productores de café. Más de 100 millones de personas fueron afectadas por la crisis, entre ellas agricultores, comerciantes y vendedores.

Muchas personas de los países que dependen de la exportación de café, como América Central, Sudamérica, África y Asia, tuvieron que pasar hambre y, debido a los recortes de los gobiernos, aceptar el impacto en el sistema sanitario y educativo.

Hasta 2009 se estabilizó de nuevo el precio del café. Sin embargo, los agricultores que dependen de la demanda o las influencias del medio ambiente, tuvieron que enfrentarse de nuevo a la fluctuación de los precios. Dado que se tarda cuatro años hasta que la planta del café de sus primeros frutos, a los agricultores les resulta difícil reaccionar de forma rápida a los cambios en el mercado.

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La certificación de productos Fairtrade garantiza precios mínimos fijados y relaciones comerciales a largo plazo con condiciones justas permanentes a las cooperativas de pequeños productores en los países productores. Además los estándares dan la posibilidad de prefinanciación de las cosechas e ingresos adicionales como la Prima Fairtrade que garantizan suplementos para los productores de café que los productores de forma democrática eligen como invertir,

Las cooperativas invierten los ingresos extra obtenidos por el Comercio Justo en proyectos para el aumento de producción y calidad de sus productos y en proyectos comunitarios como la construcción de escuelas o el abastecimiento médico. Los miembros deciden qué medidas en particular se llevarán a cabo.

El gran reto de la industria del café es el respeto del precio mínimo Fairtrade, evitar la especulación y afrontar las mejoras en las técnicas de cultivo para luchar por el cambio climático.

La sobre oferta y la distorsión de la influencia de los grandes compradores y como pueden afectar al precio de negociación son los grandes retos que distorsional este mercado y su futuro. Como resultado esta la perdida de interés de las nuevas generaciones, su migración a las grandes ciudades ya que el cultivo de café no garantiza ingresos estables y pierden el incentivo para continuar con la tradición familiar del cultivo de café.

El sistema Fairtrade y el precio mínimo Fairtrade es una poderosa herramienta para afrontar la incertidumbre de los ingresos.

En Fairtrade estamos trabajando con los objetivos de ingresos dignos para garantizar la seguridad de las generaciones venideras.

Igualdad de género, cambio climático son dos de los otros principales focos de trabajo en los que Fairtrade trabaja junto con los productores de café en el mundo.

Fairtrade refuerza a los pequeños productores

La certificación para productos de Comercio Justo Fairtrade garantiza precios mínimos fijados y relaciones comerciales a largo plazo con condiciones justas permanentes a las cooperativas de pequeños productores en los países productores, como por ejemplo México, Perú, Colombia, Bolivia, Guatemala, Tanzania y Etiopía. Además los estándares dan la posibilidad de prefinanciación y garantizan suplementos para el café con certificación orgánica.

Las cooperativas invierten los ingresos extra obtenidos por el Comercio Justo en proyectos para el aumento de producción y calidad de sus productos y en proyectos comunitarios como la construcción de escuelas o el abastecimiento médico. Los miembros deciden qué medidas en particular se llevarán a cabo.

Café de las alturas
Productores de café de Perú


A la sombra de las montañas de nieve del sur de Perú crece el mejor café del país. Cultivarlo roza lo imposible. Solo se consigue gracias al conocimiento de antiguas tradiciones y con la ayuda del Comercio Justo.

Dante Palomino rompe el silencio bruscamente con su Enduro cubierta de polvo. Ha estado tres horas conduciendo la motocicleta, sin embargo no se concede ninguna pausa, en lugar de ello sube a la montaña en busca del campo de café del miembro más antiguo de la cooperativa de café Incahuasi. En realidad, aquí no debería crecer café. Las cuestas son demasiado escarpadas, la tierra muy pedregosa, llueve muy de vez en cuando y, de hecho, toda la región situada al sur de Andahuaylas es demasiado alta. A pesar de todo esto, crece café y no cualquier café, sino el mejor que se puede encontrar en todo Perú. Porque cuanto más alto se cultiva un café, mejor es este. Y sobre una altura mayor a estos 2.200 metros no se puede cultivar café, ya que no soporta las heladas.

El sistema de la minka

Dante es ingeniero agrario y ayuda a los agricultores a recordar las tradiciones de sus antecesores, los incas, para que puedan cultivar café a pesar de las condiciones desfavorables.

"Todo lo que hacemos es conforme al sistema de la minka. Esto significa que nos ayudamos los unos a los otros, cuando alguien tiene un trabajo que no puede llevar a cabo solo", explica Dante. La minka proviene de los tiempos de los incas. Todo el pueblo se congregaba para construir la casa de una determinada familia o terrazas en las pendientes escarpadas para que se pudieran construir campos. De igual modo ocurre hoy en día.

Uno ayuda a otro
Eugenio Sanestore, con 90 años, afirma: "Sin la minka no podría cultivar café". Él y su esposa Lucia, de 75 años, trabajan en su plantación de café como antiguamente a pesar de su avanzada edad. Aún pueden quitar las hierbas y cosechar, pero ya no pueden mantener en pie los muros que delimitan los bancales de su campo. De todos modos no es necesario, ya que los habitantes del pueblo les ayudan en esta difícil tarea.

"Así es como funcionamos, uno ayuda a otro. Antiguamente los dos estuvieron ahí, cuando mis abuelos necesitaron ayuda, y hoy es al revés", dice Rubén Muriel, quien ha venido para colocar de nuevo en la pared algunas piedras caídas.

Visita de otro planeta
Dante Palomino le mira y aconseja. Viaja en una moto todoterreno constantemente de un pueblo a otro, y asesora a los agricultores a cultivar mejor el café. Con su enduro parece un visitante de otro planeta en los pueblos con cultivos de café, ya que para los miembros de la tribu Incahuasi parece que se haya detenido el tiempo.

La gente aquí casi no habla castellano sino que conserva el quechua, la lengua de sus antepasados. Alrededor de la cintura llevan bufandas hechas a mano, tejidas con viejos patrones. No tienen electricidad ni agua corriente y las casas son como hace 500 años, construidas con ladrillos de barro seco y sin ventanas de vidrio. La calle en este área remota no se terminó hasta hace un año. El camino es largo.

De Andahuaylas, que está situada a unas 20 horas en bus desde la capital, Lima, hay ocho horas por un camino lleno de baches que se retuerce una y otra vez en zigzag con dos puertos de montaña de más de 4.000 metros. "Antiguamente recorríamos encima de una mula los caminos que atraviesan las montañas para vender nuestro café a una cooperativa cercana. Estábamos fuera durante siete días, debíamos pasar dos puertos cubiertos de nieve", recuerda Dante Palomino.

El premium o Prima Fairtrade hace posible nuevos proyectos
Pero hace tres años 310 agricultores de 10 aldeas se unieron en una cooperativa propia de café. Desde el principio tuvieron la posibilidad de vender su café de Comercio Justo, y a partir de entonces todo fue más fácil. "Hemos comprado un camión para recoger, por la nueva carretera, los sacos de café en las aldeas. Fue un gran reto", cuenta Dante. Su sueldo y su moto se pagaron con la Prima Fairtrade. A pesar de todo las mulas no quedaron en desuso: todavía llevan su pesada carga de 60 kilos por los antiguos caminos incas de las fincas periféricas hasta los pueblos que se encuentran en la nueva carretera.

Benedicto Alania acaba de llegar a través de las montañas con Churi y vacía los sacos de café. Vierte los granos de café en una superficie de hormigón y los deja al sol para que pierdan la humedad, que puede haber variado durante el transporte. "Esta instalación nos pertenece", dice con evidente satisfacción. "La hemos construido con nuestro premium."

La escasez de agua - un problema serio
El muro ha sido reparado y Dante y Rubén pasan al siguiente problema: el agua. "Esta es una zona desértica, aquí casi nunca llueve", dice Dante. "No hay agua subterránea, por eso dependemos de las corrientes glaciales".

El ingeniero agrónomo le explica a Ruben cómo se debe tender el sistema de tubos desde el arroyo hasta el campo. "Es importante que no desvíe demasiada agua, de lo contrario los vecinos que viven por debajo no tienen suficiente", advierte, y cierra la llave de agua giratoria un poco más.

"Eso es suficiente para simular una lluvia ligera", dice, y va a la secadora, para ver que todo está en orden. "¿De camino a aquí te has fijado en el glaciar?" le pregunta a Benedicto. Mueve la cabeza lleno de preocupación cuando oye que la nieve del Chukisapra ha retrocedido de nuevo un par de metros. "Si esto sigue así, dentro de un par de años no tendremos agua". No hay nada que él pueda hacer al respecto, así que trata de pensar en otra cosa.

La cooperativa también ayuda en caso de enfermedad
Lucía sirve una sabrosa comida: sopa de quinoa, patatas, huevo y gallina.  Es tradición que los que reciben la ayuda de los vecinos, se ocupen de la comida. "Sin la minka, sin la ayuda de nuestra comunidad local, no podríamos sobrevivir", dice ella. "Pero sin el Comercio Justo tampoco funcionaría." La pareja de ancianos no solo se beneficia del hecho de que su café ya no tiene que transportarse cargado en mulas a través de las montañas y de la ayuda del ingeniero agrónomo. "El año pasado, Eugenio enfermó, y la cooperativa nos dio dinero para los medicamentos", recuerda Lucía agradecida.

Dante se bebe otra taza de café, sube de nuevo en su motocicleta y se pone de camino a la próxima aldea con cultivos de café, donde quiere ver los nuevos brotes. Al pasar asusta con el ruido a la mula de Benedicto. Tanto ruido no es habitual. Y después el pueblo se sumerge de nuevo en el silencio de las escarpadas montañas.